¡Han hundido el club! ¿A la prisión?

Son muchos los clubs de primera, de segundo y de cualquier tamaño que han quebrado en los últimos años. Generalmente los motivos han sido inversiones desorbitadas, jugadores que no han rendido, expectativas deportivas que no se han cumplido… Y al final no se hayan podido devolver los créditos ingentes que se habían pedido. Así, las quejas de los socios y aficionados siempre son las mismas: que los directivos respondan por las deudas, que devuelvan el dinero o que los metan en prisión. Pero, ¿hasta qué punto se le puede reclamar a un directivo la suerte del club que dirige?

Para explicar el tema quiero contraponer dos sentencias muy gráficas del Tribunal Supremo de los EEUU en los años 60.

La primera es de un club de béisbol en los inicios de la televisión. Los demás clubs de la liga empezaron a vender sus derechos televisivos y a cambio de mucho dinero empezaron a jugar a las 10 de la noche. Pero el presidente de este club (el accionista mayoritario), un señor mayor se emperró en que el club era un club familiar y los partidos se tenían que jugar a las 4 de la tarde, a la hora que los niños y las familias podían ir. De esta manera, sus contratos televisivos eran mucho menores que los de los clubs rivales y, por lo tanto, al tener menos ingresos era un club menos competitivo. Al cabo de tres temporadas la situación del club ya era crítica y los demás accionistas estaban desesperados viendo como el club de sus amores se hundía. Cuando lo hundió definitivamente lo demandaron, por cabezón. Pero el TS dio la razón al presidente argumentado que los negocios, como en la vida, se tienen ideas, se hacen proyectos y a veces funcionan y a veces no, pero no podemos exigir responsabilidad si al final un proyecto ha salido mal, forma parte del riesgo que llevan los negocios.

La segunda sentencia habla de una franquicia de fútbol americano de Texas. El propietario muere y la mayoría de las acciones las hereda la mujer y los hijos quedan como minoritarios. Pues bien, esta mujer era un festival: llegaba borracha a las reuniones, no quería saber nada, no tomaba decisiones y cuando lo hacia, lo hacía sin haber leído nada del tema… Al final, el mismo resultado que en el club de béisbol, la franquicia hundida. Los hijos como accionistas minoritarios demandaron a la madre y aquí sí que el TS les dio la razón. El motivo es que la madre y presidenta había sido negligente en sus funciones y eso sí es condenable.

Lo que quiero decir con esto es que no podemos atribuir una responsabilidad automática al presidente o directivos de un club cuando se ha hundido. No es fácil llevar negocios y la crisis, la competencia, el mercado, los resultados, las inversiones… los pueden hacer naufragar, es parte de la vida y delos riesgos de los negocios. Decisiones aparentemente ilógicas o atrevidas pueden triunfar, como fichar a Ronaldinho cuando el Barcelona estaba ahogado económicamente, o pagar poner UNICEF en la camiseta en vez de poner publicidad y cobrar. En cambio, decisiones más “razonables” como ampliar un estadio porque llevas un par de temporadas buenas, pueden acabar por hundir el club si la pelotita no entra.

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